Las movilizaciones estudiantiles durante y después de la guerra

Natalia Gómez
Natalia Gómez

Las movilizaciones estudiantiles durante y después de la guerra

Las movilizaciones estudiantiles han sido criminalizadas desde antes, durante y después de la posguerra. Esto ha causado repercusiones en la poca participación de los jóvenes y en el involucramiento en las distintas organizaciones sociales.  

Por Natalia Gómez y Claudia González.

El XI Tribunal Internacional para la Aplicación de la Justicia Restaurativa, desarrollado en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), cerró el viernes 26 de abril con un foro sobre las movilizaciones estudiantiles.

En el foro, defensores de derechos humanos, sindicalistas y estudiantes discutieron sobre la criminalización de los movimientos estudiantiles en los escenarios de la guerra y el actual.

El historiador Carlos Gregorio López comentó que “el movimiento estudiantil de los años 70, definitivamente comienza justamente cuando se da la ofensiva del 81 […] ¿Por qué? Porque eso marca un rumbo diferente frente a la guerra, en la lucha estudiantil […], que se involucra en el plano militar”.

El movimiento estudiantil actuó en el pasado en dos escenarios que fueron la Universidad de El Salvador (UES) y la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA). En base a la poca información sobre el tema, López caracteriza a los movimientos estudiantiles de la guerra y la posguerra como movilizaciones dependientes del FMLN, al igual que el resto de movimientos sociales.

Decenas de estudiantes salvadoreños salen a marchar el 1 de mayo cuando se celebra el Día Internacional del Trabajo. /Foto de Ovidio Bautista.

Después de los acuerdos de paz se dio una reorganización en la agenda de la Universidad de El Salvador, la cual se visualiza en tres posibilidades: 1) el movimiento estudiantil sigue siendo parte del movimiento social ligado al FMLN y a las reivindicaciones de izquierda; 2) redefine el accionar del sector estudiantil frente a la problemática universitaria, justamente a la política sectorial; 3) toma fuerza a las iniciativas memoriales, como la masacre del 30 de julio y la ofensiva del 89. “En el caso de la UES, por ejemplo, este es un movimiento social que se dispersa y que tiene bastantes dificultades para reencontrar su rumbo”, comentó López.

 

David Morales, director del Programa de Litigio Estratégico de Cristosal, resumió que las injusticias y la violentación de los derechos humanos durante los 80,s se deben al modelo de seguridad ciudadana que se aplicó en aquella época. “Hemos sido el país del manodurismo. Los países que aplicamos el manodurismo miren dónde estamos. Somos Guatemala, Honduras y El Salvador”, aclaró.

 

Según su perspectiva, hay un movimiento de juventud importante, que si bien no genera una protesta fuerte, debe verse como un movimiento en ascenso. También explica la relación que percibe desde la violencia contra los jóvenes, con la poca participación de los mismos.

Estudiantes de la UCA marcharon el 22 de marzo, en el marco del Día Mundial del Agua, protestando contra la privatización del preciado líquido. /Foto tomada del muro de Facebook del Consejo Estudiantil UCA.

“Si desglosamos toda la estadística de violencia, los y las jóvenes son la población mayoritaria. Si desglosamos la de la migración, es similar. Estamos perdiendo el bono demográfico y la posibilidad de aporte de la población joven  […]. Nuestros jóvenes están siendo asesinados y están migrando”, agrega Morales.

 

Rafael Méndez, secretario general de la Coordinadora Sindical Salvadoreña, enfatizó que las asociaciones estudiantiles se encuentran  en un punto de estancamiento y falta de liderazgo propio. Además, comentó la posición en la cual la Academia expresa que su rol es meramente “academicista”, en contradicción a los acercamientos que las organizaciones sociales han tenido con empresas privadas u organismos políticos.  

 

Méndez destacó el papel de la UES, que con el paso del tiempo se ha ido “desmejorando” y ya no se le adjudica como un referente en las luchas populares. Así como también enfatizó los intereses “alejados del sentido real” por parte de organizaciones políticas, frente a las verdaderas luchas que la sociedad enfrenta. “La agenda de los partidos políticos no es nuestra agenda”, puntualizó.

 

Por su parte, Dalia González, estudiante de Derecho y presidenta del Consejo Estudiantil de la UCA, habla sobre los problemas que tienen las organizaciones estudiantiles de hoy, tales como: 1) la politización de los estudiantes, creando temor o recelo en cuanto a sumarse a causas sociales; 2) la incidencia de estructuras capitalistas con el fin de imponer una idea ajena a las organizaciones estudiantiles; 3) la necesidad de involucrar a la población estudiantil en temas de realidad nacional, con un sentido de empatía y solidaridad.

En la marcha del 22 de marzo cientos de personas, entre ellos estudiantes, se detuvieron a gritar consignas frente a la Asociación Azucarera de El Salvador, una de las principales explotadores del agua en el país. //Foto tomada del muro de Facebook del Consejo Estudiantil UCA.

González comentó su experiencia enfrentando una acusación criminalizante como presidenta del cuerpo estudiantil de la UCA, ya que recientemente recibieron señalamientos de  ejecutar ataques y disturbios en propiedad privada. En una nota publicada por El Diario el Mundo”, la Asociación Azucarera de El Salvador denunció al cuerpo estudiantil de esta casa de estudios por realizar supuestos actos ilegales y ejercer amenazas en contra de empleados de la empresa, durante una marcha contra la privatización del agua.

 

Las movilizaciones estudiantiles y sociales de la guerra tenían deficiencias en referencia al aspecto académico; sin embargo, existió mayor participación por parte de la población joven. En la actualidad, las circunstancias parecen haber creado un ambiente social en el que los jóvenes temen involucrarse y, por lo tanto, no lo hacen.

 

Como líder de una movilización estudiantil, González reflexiona en que la transformación de las actuales organización juveniles debe guiarse con bases académicas. “Creo que debería haber un balance entre lo académico y lo político. Porque también tenemos que estar claros de que lo académico es importante, ya que la academia nos da los insumos para sustentar nuestras acciones”, concluye.



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