Mujeres afrodescendientes, una historia en El Salvador que aún no se conoce

Natalia Gómez
Natalia Gómez

Mujeres afrodescendientes, una historia en El Salvador que aún no se conoce

Entre la comunidad afrodescendiente, las mujeres son las más discriminadas, desde el hecho de nacer mujer y por pertenecer a raíces africanas.

AFROOS es una organización creada en 2011 con el fin de abordar el tema afrodescendientes a través de seminarios y conversatorios. Foto cortesía de Ana Yency Lemus

 

Por: Andrea Escobar y Carlos Iraheta 

El artículo tres de la Constitución de la República establece que todas las personas son iguales ante la ley, sin importar nacionalidad, raza, sexo o religión, pero la constitución y el estado aún no reconocen a la población afrodescendiente. 

Es por esta razón que la comunidad afro exige a la Asamblea Legislativa la urgente aprobación de la reforma constitucional del Art. 63 para que se reconozcan los derechos de la comunidad negra en El Salvador. De igual forma, le piden al presidente, Nayib Bukele, implementar políticas públicas de inclusión en programas de educación, salud y alimentación adecuada. 

Ana Yency Lemus, Directora General de AFROOS, mencionó que el rechazo hacia las personas de la comunidad afrodescendiente no es igual para los hombres que para las mujeres. Explicó que si existiera un reconocimiento en la constitución ayudaría para crear políticas públicas hacia las personas afro, que se reconozcan los territorios donde viven y ayudarles a tener acceso a salud y educación. 

El conocimiento que se tiene sobre estas raíces no es suficiente, Norma Pérez, dueña de un negocio de comida salvadoreña vegana en Estados Unidos, comentó que fue hasta el año 2016 cuando investigó sobre los platillos salvadoreños, comprendió que tiene raíces africanas. Por su parte Lemus, dijo que fue en 2011 cuando profundizó en su árbol genealógico, y conoció que las mujeres de su familia eran afrodescendientes. 

Lemus agregó que muchas personas piensan que nunca ha habido personas con herencia africana en El Salvador. “No se habla de este tema porque no hay un reconocimiento institucional y no se tiene el suficiente conocimiento sobre los descendientes afros. Creen que nos hemos sacado el tema de la manga de la camisa, pero esto es una realidad y estamos defendiendo nuestros derechos”, afirmó. 

Hasta el momento no existen entidades en El Salvador que respalden a la comunidad afro, dice Lemus. Las instituciones como el Instituto de Inclusión Social no tienen un apartado donde reconozcan a las mujeres afrodescendientes. “No es lo mismo estar en un apartado, porque tenemos que estar divididas, todas tenemos diferentes luchas y problemas” aseguró. 

Muchas mujeres están en zonas rurales, no cuentan con alimentación, educación, están siendo excluidas de la sociedad o son sometidas en la casa a lo que diga el hombre. “Mi abuela venía de una zona pobre, ganaba setenta y cinco centavos el día, y aún así, con ocho años, dejó de ir a la escuela por ser negra” añadió Lemus. 

Destacó que el Ministerio de Educación debería tomar la iniciativa de comenzar a visibilizar estas raíces en las escuelas, para que la niñez y la juventud conozcan que en el país hay diversidad cultural. “Ya hemos hecho incidencia desde el 2011, se ha llevado al  Ministerio de Educación un plan educativo que cambie la currícula, pero se niegan a apoyarnos”, declara Lemus. En AFROSS hemos tomado la tarea de hacer conversatorios, actividades y discutir sobre el tema, pero si ya lo vemos por la vía institucional, sería el ministerio quien debería educar”, sentenció. 

Pérez señaló que se debería enseñar a las personas sobre este tema, ya que muchas mujeres en Estados Unidos son rechazadas, primero; por ser mujeres, segundo; por ser latinas; y tercero, por ser afrodescendientes. “Si desde chiquita hubiera conocido más la historia, me hubiera sentido más orgullosa, porque acá hemos sufrido bullying y me sentía avergonzada de decir que era salvadoreña. Si mi familia me hubiera enseñado ese orgullo, no me estaría reconociendo a mi misma hasta mis 43 años”, expresó Pérez.

Según Pérez, en 1821 más del 95% de la población en San Miguel era descendencia africana. Foto cortesía de Norma Pérez.

Por otra parte, las mujeres pertenecientes a la comunidad LGBTI se arriesgan a vivir diferentes discriminaciones. “Es difícil vivir en una sociedad machista y clasista. Las personas no comprenden que somos un mundo diverso, pero está bien adueñarse de lo que eres y no tener que ocultar tus raíces”, aseguró Lemus. 

 

Uno de los derechos que más se les violenta a las personas afrodescendientes, según Lemus, es la libre expresión, y que a ella como mujer afro, le han negado el derecho a la participación política. “Cuando intento participar en este tema, siempre hacen referencia que las mujeres afro tenemos caderas y pechos notorios, siempre me ven como oportunidad para algo pero nunca me miran por mis capacidades”, declaró. 

 

Lemus señala que, aunque no la han rechazado de un trabajo por sus raíces, siempre ha recibido comentarios ofensivos hacia su cabello dentro de su centro laboral. Mientras que Pérez asegura que no fue aceptada en un trabajo por ser mujer afrodescendiente, por esta razón, ha decidido dejar de buscar empleo y continuar con su negocio. 

 

Las mujeres con herencia africana, según explicó Lemus, se enfrentan a estándares de belleza que la misma sociedad impone, como ser de piel blanca, ojos verdes y con características que el sistema racista del país ha implementado. “Las mujeres tenemos que demostrar que podemos, pero el hombre no. El hombre es fuerte, la mujer es débil”, comparó. 

 

Pérez invitó a las mujeres a acercarse a organizaciones donde puedan sentirse cómodas, comprender mejor su historia, y puedan compartir con otras mujeres de su descendencia. “Cuando uno se rodea con personas de su misma clase uno se empieza a sentir que está en el lugar correcto”, aseguró. 

 

“Uno siente que no puede alzar la voz, pero es bonito ver que se están parando y diciendo que no. La gente se está empoderado. Se crean protestas y esto ayuda a disminuir la discriminación”, celebró Pérez. “Aunque una se caiga, debe seguir levantándose. Las mujeres nos enseñan eso, por eso esta generación está más empoderada”.

 

Lemus animó a las mujeres de la comunidad afro a que se sientan orgullosas de sus raíces, de su piel y de su cabello. “Es tiempo que nosotras le digamos al sistema que no solo existe un tipo de mujer si no que hay muchas mujeres diferentes, necesitamos empoderar a la gente, aprender y sensibilizar a las comunidades en El Salvador”, finalizó. 

 

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