Nelly Rivas, una promesa del ballet

Natalia Gómez
Natalia Gómez

Nelly Rivas, una promesa del ballet

Foto cortesía de Nelly Rivas

Nelly Rivas es bailarina del Ballet de San Salvador. Tiene 23 años y se encuentra en su último ciclo de la carrera de Ciencias Jurídicas.

Por Diego Hernández

Espontánea, extrovertida, alegre y activa, siempre anda corriendo para llegar a tiempo a sus diferentes actividades del día. Algunos entrenos de ballet, clases de francés, piano, crossfit, la universidad y su trabajo en la Oficina Departamental de La Libertad de la Asamblea Legislativa. 

Practica la danza desde los cinco años de edad. Su carrera como bailarina comenzó en la primera escuela de ballet clásico del país, fundada en 1951, la Escuela Nacional de Danza “Morena Celarié”. “Eso que comienza siendo un hobby deja de serlo para formar parte de tu vida”, dijo Rivas al referirse al impacto que ha tenido el ballet en ella. En 18 años ha aprendido de referentes de la talla de Diana Aranda, Nené de Roeder, Rumen Rashev, Marta Castellón y Óscar Moreno. 

La danza le ha abierto un sinfín de puertas. En enero de 2017 se realizaron audiciones para formar parte de una nueva compañía de ballet en el país: el Ballet de San Salvador. Era una iniciativa de Gabriela de Bukele y Suecy Callejas. Ellas formaron parte del jurado de admisión. “Cuando audicioné, llevaba un mes sin entrenar”, afirma Rivas. Según recuerda, la universidad le consumía el tiempo, y competir contra otras bailarinas que sí se entrenaban a diario la hacía creer que no iba a lograr entrar a la compañía.

De 32 bailarines escogieron a 16. El 13 de enero Rivas vio un post en Facebook de la Secretaría de Cultura de San Salvador anunciando a las elegidas para integrar el nuevo Ballet de San Salvador. Su nombre aparecía junto con 15 bailarines más. “No podía creerlo, le di gracias a Dios y le llamé a mi mamá”, recordó la bailarina. 

 

Foto por Diego Hernández

En septiembre de 2017 fueron invitados por Muriel Bowser, alcaldesa de Washington D.C, para presentar el ballet “Paquita”. Representar a su país en el exterior la hizo sentir orgullosa. En esta y otras de las obras presentadas por el ballet, bailó junto a la actual primera dama. Para Rivas, fue un honor haber compartido escenario con ella. 

El ballet le ha brindado muchas alegrías, pero también aflicciones. “La vez que más triste he estado es cuando sentí que iba a dejar el ballet”, dijo Rivas. La carrera de abogada le exigía mucho tiempo y atención, pero también la danza. Sin embargo, ella sabía que necesitaba un título, ya que en El Salvador, no tenerlo significa una terrible desventaja. Balanceando las dos opciones, optó por seguir estudiando y dejar el baile, aunque finalmente logró distribuir su tiempo.

También reflexiona sobre la situación de la danza en el país. “No creo que se pueda vivir con un salario de bailarín o maestro”, lamenta. Por esto, muchos entretenedores culturales optan por tener una carrera aparte. Además, menciona que a la sociedad es reacia a pagar por ver actos de las artes escénicas. “¿Por qué preferimos pagar $7.00 para ir al cine y duele pagar $3.00 para ir al teatro?”, cuestiona la bailarina. 

En la etapa final de sus estudios, reflexiona sobre su futuro. “No es que no sepa qué hacer, es que quiero hacer muchas cosas pero no sé en qué enfocarme”, expresó Rivas. Le gusta la política y le llama la atención como carrera. Le atrae el derecho corporativo y el derecho laboral. De lo que no hay duda es que seguirá bailando sobre los escenarios y frente a los espectadores, porque su pasión es, y será, el ballet.

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