Un lápiz lo llevó hasta Japón

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El Palmarés Diplomat consistió en un premio monetario de 10 mil colones a 15 mil, y una placa con el nombre del artista ganador. Foto por Michelle Arrazola.

Desde la escuela recibió premios. Se destacó en la promoción de bachilleres en arte del Centro Nacional de Artes (CENAR) y luego de la Universidad Nacional de El Salvador en la licenciatura en artes plásticas. Nahum Nuila comenta que su mayor logro fue ser reconocido por la Asamblea Legislativa como “distinguido pintor salvadoreño”.

Por Michelle Arrazola

“Tiene vocación para el dibujo” fue de los primeros elogios que recibió de sus profesores en la infancia. Originario de Mejicanos ganó el primer lugar en dibujo representando a su escuela a nivel municipal cuando cursó séptimo grado.

Nahum Nuila da clases de dibujo y pintura en el Instituto Nacional de San Bartolo. Es trigueño, pelo negro y alto (alrededor de un metro 70 centímetros). El dos veces ganador del premio pintura joven salvadoreña Palmarés Diplomat (1992-1993) era el único alumno de arte del maestro José Mejía Vides en un estudio privado.

Nuila recuerda el momento exacto cuando tomó un lápiz por primera vez y pintó “travesuras” a la edad de tres años, desde entonces se fascinó por lo que podía hacer con estas dos herramientas: papel y lápiz.  A los ocho años inició su gusto por las acuarelas. El artista enfatiza que su estilo es polifacético, sin embargo en sus pinturas representa más el surrealismo.

En el 2002 el pintor estuvo a cargo del mural “Visión Olímpica de las Civilizaciones” para el Instituto Nacional de los Deportes (INDES) en el marco de la XIX edición de los Juegos Centroamericanos y el Caribe que se disputó en San Salvador. Foto por Michelle Arrazola

En los genes del pintor corre la influencia del arte gracias a sus padres que también tenían ese gusto. Por su madre la pintura y el dibujo, y por su padre la música. Nuila cuenta que tiene esa otra faceta de músico, que hasta ahora ha podido desarrollarla en voces corales. Es director de coros en la iglesia, enseña y presenta cantos.

“Todo eso, los premios, la preparación y el trabajo como docente en escuelas, academias privadas o en el CENAR me granjeó un premio. Me dieron un diploma de esos grandes, por decreto 824. Ese es el galardón más grande que he tenido”, destaca el artista sobre el reconocimiento que le hizo la Asamblea Legislativa. 

¿Cómo llegó su pintura al exterior?

Por movimientos artísticos y culturales que se dieron en el país. En Washington, Estados Unidos, se hizo una exposición, hubo una organización donde me tomaron en cuenta para participar. La galería uno, dos tres, una de las más prestigiosas de aquí de El Salvador, estaba conectada en un evento con la galería Praxis de México y me escogieron para que fuera. Por ejemplo, en Guatemala, me di cuenta de “Pinceles Centroamericanos”, una exposición en la galería Ático. Hice murales artísticos en Honduras. Nicaragua, Costa Rica y Panamá en galerías. En la Primera Bienal de Arte de República Dominicana, junto a otros artistas, representé a El Salvador. La galería uno, dos tres me invitó para que fuera a exponer a Ecuador. De Japón vino un artista con la intensión de hacer un encuentro artístico, cultural y amistoso entre ambos países. Se recopiló la obra de ambos lados, se expuso primero acá y luego se montó allá. Estuve cuatro veces en Japón, tengo diplomas también, dos ocasiones en Kioto y dos en Kobe.

Carlos Cañas, el premio de cultura de El Salvador, fue su maestro en el CENAR. Camilo Minero, Alfredo Catalán, José Mejía Vides que están en la cumbre de la historia del arte fueron maestros de él. Foto por Michelle Arrazola
Carlos Cañas, el premio de cultura de El Salvador, fue su maestro en el CENAR. Camilo Minero, Alfredo Catalán, José Mejía Vides que están en la cumbre de la historia del arte fueron maestros de él. Foto por Michelle Arrazola

¿Cómo describiría su estilo artístico?

Polifacético. Soy capaz de hacer cualquier estilo, pero el más sobresaliente, que he ganado los premios, es surrealismo. Solo el estilo porque el mensaje es simbólico social. Yo doy el mensaje de la sociedad, la lucha del salvadoreño o la humanidad ante la vida en los distintos aspectos políticos, social, cultural.

 ¿Cómo ve a la nueva generación de artistas?

Ellos han dado un gran salto. Creo que las comunicaciones infirieron bastante. De 20 años para atrás nosotros estábamos un poco más encerrados, como provincianos. Hoy los jóvenes ya tienen una visión más amplia del mundo, en este caso del arte, presentan una obra más universal, abierta.

¿Y en cuanto a estilo?

Se hablan de un post modernismo. En este caso sería la combinación de nuevas tendencias con antiguas para dar una nueva expresión. Tratan de innovar, ya no se apegan a elementos clásicos. Aunque, el modernismo traía muchos rompimientos de cánones del academicismo. El dadaísmo, conceptualismo, cubismo, surrealismo, impresionismo son movimientos parte del modernismo. El joven post modernista debe tomar todo eso y mezclar elementos antiguos.

¿Cómo ha evolucionado la industria de las artes plásticas desde que usted inició?

Desde 1920 para acá los artistas de ese entonces se prepararon en el exterior y luego trajeron esas corrientes de Europa y México a El Salvador. Revolucionaron el arte del país pero con corrientes externas. La mayoría de lo que se produce acá es como un eco de lo que afuera se está dando. Deberían ver el panorama actual para buscar hacer algo nacional. Explotar lo que se ve aquí y no se encontrará en ninguna otra parte.

¿Qué retos representa ser un pintor en El Salvador?

La cuestión económica. No hay una visión del valor artístico y por ende económico que debería tener el arte.  El artista no es un espíritu que solo produce arte y no hay problema si come o no. Otro reto es que el país no está bien ubicado a nivel internacional como representación del arte. Ven mejor a un mexicano. Recuerdo que hice un retrato con toda la calidad de un personaje de Israel, con nacionalismo le pongo “El Salvador” debajo de mi firma. “No, no le ponga El Salvador”, me dijo el judío, porque si se lo ponía me iba a bajar el prestigio de la obra. A mí me dio cólera, yo quería demostrar la calidad que hay acá. Pero afuera, un colombiano, mexicano o español tiene más peso. Hay artistas que llegaron alto, como Antonio Bonilla, que ganó un primer lugar a nivel Iberoamericano. Es envidiable ese premio.

Compitió y ganó en un concurso que se realizó en la Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades de la UES. “Me mandaron sin hacer pruebas, como ya había ganado un primer lugar y un segundo en el Palmarés Diplomat eso me daba la solvencia para ser representante. Gané el diploma como sobresaliente del concurso”, dijo en un tono humilde. Foto por Michelle Arrazola
Compitió y ganó en un concurso que se realizó en la Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades de la UES. “Me mandaron sin hacer pruebas, como ya había ganado un primer lugar y un segundo en el Palmarés Diplomat eso me daba la solvencia para ser representante. Gané el diploma como sobresaliente del concurso”, dijo en un tono humilde. Foto por Michelle Arrazola

¿Cuáles son los valores actuales de la pintura en el país?

Es la variedad. Es una mezcla de muchos estilos. Aquí se pueden ver dos campos en El Salvador. Uno elitista, para las personas pudientes que consumen y pagan por ese arte.  No les gusta la tragedia, ni manifestaciones para ellos tiene que haber una fantasía. El otro es más popular donde se refleja la lucha de sociedades, el sacrificio y sufrimiento. Como el grafiti es un arte que se está dando aquí pero es influencia del exterior. Parte de una situación compleja, difícil y de elementos negativos que vive el artista. El arte no se da solo en lo positivo, sino también de lo negativo.

Así como el grafiti, ¿qué otra expresión ha surgido?

Ahorita es eso de la artesanía y eso que se ve en Las Palmas que hizo Fernando Llort. Él ha hecho un arte representativo de El Salvador. Se donó para que se hagan más artesanos. Es barato porque se hace en serie para que sea una industria. Cuando son piezas únicas es arte, cuando son reproducciones, artesanía, para que lo compren a precios más barato.

¿Cuál es el precio de sus pinturas?

Varía, hay cuadros de unos mil 200 dólares a mil 500. No me cotizo como otros colegas que sus cuadros cuestan de 3 a 5 mil dólares. En esa parte soy mal comerciante (ríe). Pero hice murales que cuestan 4 mil dólares. En el restaurante Vía María de La Gran Vía hice varios. Hice uno a cuatro mil, otro pequeño como del tamaño de dos puertas por dos mil 200. A veces veo a la persona, considero cómo está el nivel económico y así le cobro.

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