Los riñones mortíferos de Pablo Gómez

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Pablo Gómez guarda en su billetera un autorretrato que le recuerda cómo era él antes de entrar a la fase aguda de la Insuficiencia Renal Crónica. Asegura sentirse más desgastado. Foto por: Julio Umaña.

Agua contaminada por pesticidas y un estilo de vida inadecuado son los causantes de la muerte acelerada de un hombre, cuyo caso es similar al de 3,807 salvadoreños que, como él, sufren Insuficiencia Renal Crónica.

Por: Julio César Umaña Lovo

El pasillo de la unidad de hemodiálisis del Seguro Social en San Miguel está abarrotado. Una “mañana normal”, bromea Rosalina Fonseca, enfermera del lugar. Los espacios son estrechos, dos personas son incapaces de estar uno junto al otro.  18 sillas de polietileno son insuficientes para más de 35 pacientes que esperan que el reloj de la pared se detenga en diez, hora en que todos entran a sala de diálisis. Los presentes están por una razón en común:  Insuficiencia Renal Crónica (IRC).

La incomodidad del sitio es amena para los presentes. Todos parecen acostumbrados, tomando en cuenta que la unidad está ubicada en el séptimo piso de un estacionamiento. Este espacio ha sido acondicionado para que al menos pueda cumplir con requisitos básicos de higiene. El olor a urea es muy penetrante.

Sin excepción, los usuarios visten ropas ligeras: batas color azul, sandalias y tapabocas que son suministrados por el personal. Es muy difícil fijarse en alguien particular, parecieran estar uniformados. Justo frente a mí se abre una puerta. Se escucha una voz que pide silencio. Es la enfermera. Uno por uno, y en orden alfabético, llama a los usuarios para que entren en sala. Al final del corredor y por error de dictado, queda rezagado Pablo José Gómez Mejía.

Pablo Gómez es un hombre de 84 años, estatura baja, piel morena, de ojos vidriosos y cojo de la rodilla izquierda. Se presenta cada mañana de lunes y jueves para tratarse su enfermedad renal. Al abordarlo por primera vez y preguntarle por su padecimiento, fue muy contundente. Me miró a los ojos:

-Ahora ya no tengo nada.

Esas primeras palabras insinuaban algo más profundo. Quería saber el porqué de ellas y la historia que escondía. Sólo los días de hemodiálisis significaban toda una travesía para este hombre.

Salir al mundo dos veces por semana

Pablo Gómez es uno de los 248 pacientes mensuales del programa de Hemodiálisis que atiende el Instituto Salvadoreño del Seguro Social en San Miguel. Sus riñones son prácticamente inservibles. Según el doctor Gustavo Ramos, el daño del riñón, en este punto de la enfermedad, es irreversible, las funciones de este órgano son nulas.

Gómez es un ex operador de maquinaria pesada, oriundo del cantón Tangolona, jurisdicción del municipio de Moncagua en San Miguel. Dicho municipio figura como uno de los principales focos de la enfermedad en el departamento. Según datos de la Unidad de Nefrología del Instituto Salvadoreño del Seguro Social, Moncagua cuenta con más de 45 usuarios del total mensual (436) que asisten a cualquier tipo de diálisis ofrecida por la institución.

El director de la unidad de salud local, Víctor Castro, tilda la situación de “preocupante” asegurando que semanalmente, a la unidad llegan en promedio tres pacientes con indicios de Insuficiencia Renal Crónica. El caso de Pablo Gómez fue diagnosticado hace más de 20 años y lleva más de cuatro en etapa final de la enfermedad (estadío cinco). Asiste dos veces por semana, lunes y jueves, a las diez de la mañana, sin embargo, su día comienza mucho más temprano.

Son las cuatro de la madrugada y como todos los lunes, de forma casi doctrinaria, él ya está de pie. Es día de diálisis.  Con dificultad, por su pierna dañada a causa de la misma afección, sale de su cuarto. Para él, un hombre de 84 años, es un problema movilizarse en una casa como la suya.

Su vivienda cubre un terreno de tres tareas, las cuales está distribuidas en tres ranchos de adobe. El suyo es el único pintado con tonalidades rosa y purpura. No hay ducha, en su lugar hay una pileta en medio del patio principal.  La superficie es escabrosa y en la oscuridad de la noche dificulta la visibilidad.

La hinchazón en las extremidades por retención de líquidos es uno de los principales síntomas de la Insuficiencia Renal Crónica. Foto por: Julio Umaña.
La hinchazón en las extremidades por retención de líquidos es uno de los principales síntomas de la Insuficiencia Renal Crónica. Foto por: Julio Umaña.

Junto a él viven seis nietos, dos sobrinos y su cuñado, Carlos Castro, indispensable cuando desea movilizarse por las noches. Todos ellos subsisten de la agricultura.

-No tengo reglas cuando me levanto. A veces puedo, otras no. A veces necesito ayuda de Calito solo para ir al baño.

Ocho guacalazos de agua fría son más que suficientes para acabar el primer aseo de la semana. Pablo vuelve a su rancho, se cambia. Hoy irá muy cómodo, pantalón de algodón, camiseta holgada y una gorra azul. Está casi listo, se asegura de llevar los papeles en línea, revisa su billetera, toma su morral de tela y por ultimo su bastón. Son las 5 de la mañana. Un pick up lo espera para llevarle al llamado “chalet” en el centro del cantón Tangolona.  Desde ahí, toma una camioneta que lo conduce hacia Moncagua.

Solo existen dos caminos que llevan fuera del cantón: el callejón de Puertas Chachas o la calle del caserío El Cerro. El conductor del pick up, Luis Argueta, siempre toma el segundo camino como primera opción.

En teoría, los 18 kilómetros de distancia entre la ciudad de San Miguel y la casa de Pablo en Tangolona se tendrían que recorrer en 29 minutos. Sin embargo, el camino empedrado retrasa el recorrido a casi una hora y treinta minutos. Han pasado 40 minutos para llegar a Moncagua. Gómez pide al conductor que lo deje en el parque. Se sienta en una banqueta. Espera el autobús.

Mientras aguardamos para abordar la ruta 90-E, Pablo Gómez cuenta una de sus tantas anécdotas vividas con los choferes de buses. Dice que se siente bien con mi compañía, ya que siempre va solo a las diálisis.  Recoge el rostro, recae, comenta sentirse mareado y adolorido del cuerpo. Lo toma con normalidad. Asienta. Retoma la anécdota.

– Uno con esta enfermedad sufre. El otro día me golpeé en uno de estos buses. Mientras me bajaba, como me cuesta bastante por la rodilla, el busero no se fijó que todavía estaba arriba. Entones, arrancó y yo caí con la cabeza. El conductor ni se dio cuenta.

Gómez también padece una descalcificación en la rótula de la rodilla izquierda producida como efecto secundario de la Insuficiencia Renal Crónica. El doctor, Gustavo Ramos explica que, por causa del alto índice de líquidos retenidos por el cuerpo, lo niveles de calcio bajan, ya que son consumidos por las toxinas que el paciente acumula.

La unidad abordada hace su recorrido desde Moncagua hasta el centro de San Miguel. Mientras transitábamos el trayecto de la carretera Panamericana llevábamos una charla fluida, acerca de él y todo con lo que lidiaba. Pasado quince minutos de conversación, pregunto:

– ¿Y usted don Pablo, cuánto gasta cada vez que va al Seguro?

-Solo hoy, solo en transporte gastaré $10 dólares.

– ¿Cómo le alcanza?

-A veces no alcanza, la pensión que me dan no da abasto. Apenas son $90 dólares mensuales.

Durante el mes de septiembre se realizaron más de 2,017 hemodiálisis en el Instituto Salvadoreño del Seguro Social en San Miguel. Foto: Julio Umaña.
Durante el mes de septiembre se realizaron más de 2,017 hemodiálisis en el Instituto Salvadoreño del Seguro Social en San Miguel. Foto: Julio Umaña.

Económicamente, los números son desfavorables para él. Durante la semana, solo en transporte, invierte 20 dólares, que acumulados en un mes se convierten en 80 dólares. Su único ingreso es la pensión que obtiene por haber trabajado once años en COSAMI, una empresa constructora.

Gómez siempre ha buscado aumento de su pensión. Asegura haber hablado con su médico especialista, el doctor Félix Dagoberto Barrera, quien le explicó que es imposible dicha petición, argumentando que debido al “poco tiempo de trabajo con la empresa” no puede tener acceso a una mejor retribución.

La plática se extendió por 15 minutos, luego de eso, Pablo durmió un tramo del camino, hasta encontrarnos detenidos en la parada frente al Parque Guzmán en el centro de San Miguel. Eran las seis y quince de la mañana. De inmediato nos dirigimos hacia el mercado municipal, lugar donde Gómez desayuna todos los lunes.

El sitio es muy peculiar. Pablo Gómez es cliente de los esposos José y Blanca de Hernández. Una pareja con más de 30 años de casado y más de cinco de haber puesto el comedor. Las mesas están alrededor de champas y vendedores que ofrecen sus productos. En medio de tan estruendoso ambiente, se sienta y sin necesidad de menús y demás protocolos culinarios, ordena: “lo de siempre, Chepito”.

Cinco minutos después de nuestra llegada, la mesa está servida. José Hernández, dueño del lugar, preparó la comida con 15 minutos de anticipación. El plato es muy sencillo: una pequeña ración de frijoles, queso y una minúscula porción de pollo, acompañado con una taza de café.

A pesar de su padecimiento, este hombre no pierde el gusto por la comida casera. No obstante, su apetito ha reducido. Solo come dos veces por día. En las mañanas y al mediodía. Consumir más de 350 gramos por tiempo de comida significaría un desequilibrio para él. La explicación médica a esto, según el médico, Gustavo Ramos, es debido a la poca absorción de nutrientes que significaría un colapso para el organismo, puesto que los encargados de filtrar la sangre, los riñones, están en incapacidad de funcionar.

Treinta minutos han pasado para que Pablo acabe con su desayuno. La pérdida de ambos dientes incisivos y parte de los molares, dificulta masticar adecuadamente la comida. Finalmente se levanta. Observa su reloj. Este hombre es muy puntual. Son las 7 de la mañana. Se despide, camina hacia la calzada de la segunda calle poniente. Detiene a un taxista. Abordamos y dirigimos hacia la unidad de Hemodiálisis del Instituto Salvadoreño del Seguro Social.

Antes de entrar al procedimiento hemodialitico, Pablo debe cumplir con algunos trámites rutinarios: recoge su bata y tapabocas. Se dirige al desvestidero. Se encuentra con viejos amigos. Saluda. Todos allí conglomerados por las reducidas medidas de un cuarto maltrecho e improvisado. Más de 9 personas en una habitación cuyas dimensiones no rebasan los tres metros de ancho por cinco de largo.

Como si se tratara de un kínder, todos salen en fila india. Justo al centro, Pablo Gómez. Sale del orden y se dirige a la báscula. Se pesa, esto como control de la cantidad de fluidos retenidos y así poder suministrar cierta cantidad de líquido purificador de la sangre. Un exceso de dialiazante sería catastrófico. Toma asiento. Espera. Lleva cuatro años siguiendo la misma rutina. De hecho, todo en esta sala conlleva actos repetitivos. Tomando en cuenta que mensualmente, acá se realizan 2,017 hemodiálisis.

Treinta minutos previos a la sesión, se lleva a cabo una limpieza general. Ana Santos, jefe de la Unidad de Hemodiálisis del Instituto Salvadoreño del Seguro Social en San Miguel, detalló los preparativos anticipados. Destacó la limpieza de la maquinaria (externa e interna), el cambio de las líneas artereovenosas, donde la sangre pasa, y además la sustitución del filtro por uno nuevo. Por último, se desecha la basura.

Todo está a punto. Se abre la puerta a sala de diálisis. Más de 35 pacientes entran. Pablo Gómez es el último.

La sala está muy fría. Todo está pintado de blanco. 25 enfermeras atienden a todos los usuarios. En esta ocasión, Rosalina Fonseca, se encargará de Pablo. No es la primera vez, ya son viejos conocidos. Fonseca define a Gómez como “un hombre respetuoso, muy disciplinado con su situación y serio. Sobre todo, las primeras dos cosas”.  Cuentan los rumores del lugar que Pablo Gómez era muy bromista…

– Él es mi cuñado, se los presento, dice.

Ahora lo compruebo. Los tres pacientes alrededor de él, y sus respectivas enfermeras se ríen. Todo está listo para “conectarlo” e iniciar con la hemodiálisis.

El proceso de conectado es la fase inicial del tratamiento. María Isabel Arías, jefa de la Unidad de Nefrología del Hospital Nacional de San Miguel, lo explica:  se introducen las líneas artereovenosas al paciente. Previamente se ha hecho una incisión en el antebrazo. La cual es denominada fistula. En esta se conecta una arteria con una vena de modo permanente.

Pablo Gómez manifiesta sentirse mareado. “Es un malestar normal”, añade. Las líneas se tiñen de rojo. La máquina bombea la sangre. El fluido corporal entra y sale. Se extrae por medio de las venas y se introduce vía arterial. El filtro es el encargado de purificar. Su complexión es la de un cilindro plástico con cavidad hueca, y que en su interior resguarda una serie de protuberancias encargadas de purgar y retener todas las toxinas del cuerpo. Este artefacto desechable es un riñón artificial.

– Ahora no toca más que esperar, comenta Gómez.

Las próximas tres horas y media pasará sentando junto a la maquina dializadora. De diez de la mañana a una y treinta de la tarde. No duerme ni habla. Es un hombre de pocas palabras, sin embargo, no siempre fue así.

El anterior chascarrillo es solo una muestra de lo que fue este hombre. Todas las enfermeras de la sala lo recuerdan como alguien alegre y platicador. María Arias, comenta que “el impacto del diagnóstico, a veces es más devastador que la enfermedad misma. El usuario se asusta. La primera vez cree que el tratamiento lo va a matar. Según avance la enfermedad, la persona se ve más apagada”.

Gómez recuerda haber tomado sin importancia el diagnóstico de Enfermedad Renal. Dado así en 1996 por el doctor Félix Dagoberto Barrera. También afirma que evitaba las pastillas, hacía caso omiso a las recomendaciones médicas. “Todo lo agarraba a broma”, recalca. María Arias, argumenta que este comportamiento es muy común en pacientes iniciales. Ella denomina a esta etapa “la negación”. En la cual hay resistencia al tratamiento.

La Insuficiencia Renal avanzó en el organismo de Pablo Gómez. Hasta convertirse en enfermedad crónica en 2013. Los mareos e hinchazón en las extremidades se hacían más frecuentes. A Pablo en primera instancia se le aplicó otro tipo de procedimiento: Diálisis Peritoneal. En la cual, el peritoneo, una membrana dentro de la cavidad abdominal, funciona como filtro. Este tratamiento fue inútil para Gómez, ya que se infectó. Su doctor, Félix Barrera, optó por enviarle a Hemodiálisis.

Han pasado dos horas. Mientras la maquina filtra la sangre de su cuerpo, Gómez recapitula. Se evoca a todo lo que cambio después de entrar a la fase final de la enfermedad. Saca su cartera. Observa al interior un autorretrato. Me mira. “Así era yo hace cuatro años, antes de entrar a todo esto”.

La hemodiálisis es un tratamiento que conlleva la inserción de un catéter blando en la parte superior del brazo y solo se lleva a cabo en la etapa final de la enfermedad. El proceso es repetitivo dos veces por semana. Foto: Julio Umaña.
La hemodiálisis es un tratamiento que conlleva la inserción de un catéter blando en la parte superior del brazo y solo se lleva a cabo en la etapa final de la enfermedad. El proceso es repetitivo dos veces por semana. Foto: Julio Umaña.

Pablo Gómez relata que empezó a trabajar desde los 18 años de edad. Él operó maquinaria pesada los últimos veinte años de su vida laboral. Enfatiza en haber sido un hombre fuerte, alguien que soportaba más de diez horas bajo el sol. Entre sus lugares de trabajo, como operador de máquinas, estuvo la hacienda algodonera de El Platanar, cuyo dueño era la familia Borgonovo Pohl. Allí se encargaba de preparar terrenos para el cultivo.

El ingeniero agrónomo, Mauricio Franco, señala a esta hacienda como la principal fuente contaminante de mantos acuíferos en toda la zona del municipio de Moncagua y El Platanar.  Los químicos implementados no son degradados. De modo que el suelo los absorbe por filtración, escurrimiento o por lluvia, y así llegan hasta los mantos acuíferos.

Franco, también agrega que otra causante de intoxicación y enfermedades renales es el desuso de la protección adecuada. Esto también tomando en cuenta que, según el estudio Nefrolempa (2009), el 50.3% de las personas con IRC han tenido contacto con agroquímicos. Pablo Gómez es un caso. Él no fue agricultor, sin embargo, cargaba con pesticida la avioneta de la hacienda. Aceptó nunca haber usado una mascarilla en su vida, mucho menos guantes. Tomaba agua junto a los pesticidas.

El estilo de vida de Pablo Gómez ha sido crucial para su actual situación médica. El doctor, Gustavo Ramos, lo denomina como “factor de riesgo modificable”.  Gómez fue alcohólico por más de 20 años. Hace más de 40 dejó de consumir. Cabe recalcar que las largas jornadas laborales también inciden en su estado crítico. La exposición al sol, el poco consumo de agua, y que, cuando se tuvo acceso a ella, estaba contaminada con más de ocho distintos tipos de químicos, también perjudican directamente a los riñones.

Tres horas y quince minutos han transcurrido desde que Pablo se sentó en la silla plegable al lado de su “riñón artificial”. Su cuerpo se ha adormecido. Dice sentirse débil y con nauseas. Restan 15 minutos. No hay vuelta atrás, como la evolución de su padecimiento

La hemodiálisis es solo un tratamiento paliativo sustituyente del riñón. Sin embargo, no es permanente, es intermitente. La única solución definitiva a la Insuficiencia Renal Crónica es por medio de un trasplante de riñón. Escenario muy poco probable para Pablo Gómez debido a sus escasos recursos.

Según María Arias, el tratamiento hemodialitico cumple doble función. “Se alarga un poco más la vida del paciente y también concientiza para que organice su vida antes de morir.  A que se planee todo”. Pablo Gómez tiene poco por ordenar y nada por heredar. Él lo repite una y otra vez:

– Lo he perdido todo.

Lo ha perdido todo, no por su condición económica. Sino, por su incapacidad de aporte a su entorno. Pareciera estar encadenado a una silla con pitas de hule en el centro de su rancho. Pablo Gómez se siente inútil. Con los ojos más vidriosos de lo común, comenta:

– Yo no le tengo miedo a la muerte porque ya la estoy sufriendo en vida. Es difícil estar sentado aquí cuando toda tu vida trabajaste. No fui rico pero el plato de frijoles nunca me faltaba. Ahora, ni siquiera puedo comerme un pedazo de carne sin que no me haga daño. Me siento inservible alrededor de toda mi familia.

El tratamiento de este día ha finalizado. Toda la sangre ha sido purificada. Rosalina Fonseca le desconecta de la máquina. Con dificultad, se pone de pie. Sale de sala. Se pesa. Toma rumbo hacia al vestidor. Cambia la bata color azul por su indumentaria de la mañana. Una ambulancia que lo lleva hasta Tagolona, está lista. Se despide de todos los conocidos. Sube junto a cuatro pacientes más.

Pablo Gómez regresará a casa. A resguardarse dos días en su cuarto. A dormir y descasar. El próximo jueves todo volverá a repetirse, tal y como fue, puesto que, para él, la Insuficiencia Renal Crónica se ha convertido en su peor rutina.

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